25 de octubre de 2016

El desdén de Morfeo


Sobre  la vida: Luto.


Sobre la discusión de la semana: yo creo que el que no es horda no entendió Wok’raft.

Mi compadre Vaca puede dar fe de ello.

En Las Islas del Eco siempre hemos respetado esa manera pacífica en que algunos pueden llegar a ser uno con el tiempo.

Sobre la fecha: El 15 de octubre creo que empecé a escribir esto.

Es 26/10/2016 (Feliz cumpleaños, Cruz. Si supieras cómo me han servido tus anécdotas de tu 4to medio)

Este semestre estoy haciendo un ramo de esos que te dan ganas de sentarte a programar.

Sobre la familia: estuve de cumpleaños el 17 y, como es tribal, los vi; quiero a mis primos.

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Atravieso un sendero nublado otoñal con viento. De esos que te tienen que dar nostalgia porque no importa el momento en que lleguen ni lo agitados que sean: uno siempre pasa por algún momento en el día en que se pregunta.

Qué es la tristeza.

Al final del camino, entre pastelones y musgo, el portal que conduce a un gran salón… como iglesia vacía. 

Pero no tan triste.

Luego un pasillo infinito. Alfombra roja y mármol blanco. Dos filas de ventanales que desembocan en una puerta de bronce.

Pesada como el aire en su interior.

Tras la puerta llego a un cuarto extenso y casi vacío. Los enormes vidríales cuelan el sol desde la derecha y permiten ver un despejado de 3 de la tarde por la izquierda.

En el centro de la habitación hay algo parecido a una mesa. Camino media cancha de futbol antes de poder distinguir con claridad qué hay en el centro de la sala.

Es una mesa de mármol blanco. Una camilla de roca más bien. Tiene pequeñas canaletas talladas en su borde que llevan la sangre a un desagüe. Sobre esta camilla está uno de los niños del jardín.
Lo conocí hace una semana en el pre kínder.

Tiene el pecho abierto de par en par y sus órganos fuera de lugar.

Escucho el sonido a lo lejos de la puerta al cerrar.

Corro y rodeo la estructura y agazapado miro por el espacio bajo el arco de su cuello entre su nuca y su espalda.

Son 3 hombres vestidos del mismo color. Conversan y no dan señales de haberme visto. Aún están muy lejos.

Pero vienen directo hacia aquí.

-Corre.

El horror invade mi cuerpo al punto de paralizarme. Debería estar muerto, pero me está hablando.

-Ellos me hicieron esto, y si te encuentran, te lo harán a ti.

Miro alrededor. La habitación es cerrada. Un enorme salón del porte de un supermercado pequeño, y mi únicas salidas son quebrando un ventanal con mi cabeza o la puerta de bronce.

Los escucho conversar, están cerca. Es otro idioma.

Me agacho hasta apoyar el mentón en mi rodilla y cubro mis ojos con mis manitos.

-Corre.
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Por SlapFunk