Micaela y Bruno
Oh... Y que pasa?, que esto de los "feats" se va a poner de moda?
Fongork, de vuelta a las pistas... y viene acompañado.
Amanithigor le da una calurosa bien venida a Gata.
A ver si se nota el toque femenino...mientras no se meta a ponerle ventanas al sótano ni limpie la azotea... todos en paz... pienso.
Espero que lo disfruten.
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Llevaba una hora y media caminando y no sabía exactamente de que huía. Cantaba estrofas repetidas de canciones que moraban en sus oídos, boca y lengua. Las manos en los bolsillos se cubrían de ese frío sádico que aparece a eso de las tres de la madrugada y que hace desaparecer sus canillas. Un ojo le lloraba, el otro enrojecido de ira solamente miraba el suelo. No se ponían de acuerdo. Esa dualidad infame la estaba partiendo en dos, la consumía desde los cabellos hasta las uñas de los pies, se iba consumiendo como esa china entre sus labios, como el aire, como el agua, como el crack, como la sed y el odio. Se lo tragaba por mientras, solo unos segundos, un instante más, uno solo, ahí, ya casi, ya casi, eso, eso es, y la patada que le dio al teléfono celular envió ese frío, por fin, hacia otro mundo. No fue muy lejos. La alarma del auto era tan escandalosa que la sacó súbitamente de esa burbuja inmunda y mezquina. Recogió el objeto ya inutilizado (por un rato quizás, ojalá), caminó tranquila, pero intentando pasar desapercibida, alejándose del auto que reclamaba, gritaba, chillaba. Tres cuadras avanzó y llegó a esa terrible plaza, ahí se le coló un suspiro, bien sabía que no le pertenecía, no era de ella. Esa sensación asfixiaste y crónica no podía ser de ella, esa taquicardia, ese nudo de tripas, ese ojo lloroso, esas manos temblorosas y ese ahogo permanente. No podía ser ella. No podía. No quería.
Otra alma se le había plantado ahí dentro y la estaba atormentando. El exorcismo le costaría la vida, le costaría el cuello, la voz, los sesos, la medula y los anteojos. Optó por dejarlo ahí y esperar, esperar algo, un alivio espontáneo, una alegría fabulosa, una superposición de recuerdos. La peor adicción de todas. La adicción a las personas, esos maniquíes de cuero inflado, esos absurdos nidos de sensaciones. La sien le palpitaba, la mano el temblaba y sabía que eso solo se calmaría con llamarle, con escucharle, con la comunión.
Pero ¿Qué diantres? Ese infeliz, hijo de puta, ese mal nacido. No puede venir a sacarme de mi tranquilidad así como así, siempre en líos, siempre en problemas, siempre ahí, rompiendo la paz, haciéndole sentir que después de todo ese tiempo algo le importa. Pero, ella no quiere. No quiere sentir eso y se ovilla, a las 3 de la madrugada, ahí, en medio de la avenida. Y no hay exorcista.
Bruno sabia que era preferible el mas grave de los errores a la parálisis provocada por el terror a equivocarse.
Lo sabía y es por eso que yacía en la cima. De un juego para niños….
- Creo que ya es muy tarde para pensar – dijo, despertándose a si mismo.
- ¿Disculpe?
- Que creo que ya es muy tarde para pensar.
- …. Para usted, seguro - Dijo la forma femenina que lo miraba desde abajo (¿Vieja maldita? ¿Niñita tonta?) antes de alejarse del centro de la plaza, sus pasos hicieron saltar del suelo unos colores pardos que se le quedaron danzando un rato frente a los ojos.
Bruno se desperezo. Estaba un poco sorprendido de su propia conciencia pero aun mas extrañeza le causaba el lugar donde se encontraba, no es que nunca hubiera estado ahí, de hecho era la plaza más cercana a su casa. Lo que le causaba asombro era la insospechada capacidad de ese lugar para albergar mas lugares. Estos se esparcían frente a el como un montón de fotografías de donde el, Bruno, El amo de la realidad, pudiera elegir el destino que mas le apeteciera contemplar. O casi, porque estos lugares múltiples estaban conectados por una cosa: por un crepúsculo dorado que bañaba todos los pequeños paisajes que conformaban el suyo en una gama de rojos simplemente sublime.
La impresionante vista le provocaba abrazarse, recogerse sobre si mismo como para felicitarse por tanta hermosura, pero muy luego comprendió que ese deseo también estaba influenciado por el frió, Bruno busca entonces con que arroparse y descubre feliz que lleva una hermosa chaqueta levemente femenina.
Fue ahí que el aire se hizo más helado y la escena más sombría, los colores tomaron matices más profundos a medida que Bruno se sentía vaciado en esa tormenta.
Había algo de maravilloso en ese crepúsculo que parecía congelar a toda la tierra, era un atardecer que mutaba continuamente entre los rojos más encendidos y las sombras más sepulcrales y Bruno sentía que oscilaba a mil por hora entre la maravilla, la inconciencia y la desolación, arropado como un bebe disfrutaba de aquel ocaso terriblemente irreal, extasiado por su repentina oscuridad, gozaba la inestable tormenta que pugnaba a muerte con el renacimiento rojo.
De pronto el crepúsculo se decidió definitivamente a comenzar y cuando el frió se hizo mas intenso que nunca, Bruno escucho un latido de silencio premonitorio, levanto lentamente la cabeza y sintió el viento maldito que le trajo la humedad del mar. Y durante un brevísimo instante supo que el crepúsculo había comenzado.
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FONGORK & GATA

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